Animitas, parte de nuestro paisaje

Cuando hablamos de animitas, hablamos de religiosidad popular, de la memoria del pueblo, de historias de difuntos y aparecidos, de milagros y de agradecimientos.

Pequeñas casitas de personas de vidas anónimas que sufrieron una muerte violenta y especialmente injusta. Esas son las "animitas", que se han convertido en entidades persistentes para la comunidad que, pese al paso del tiempo, se siguen erigiendo en diversos puntos de la ciudad. La creencia popular dice que sus almas permanecen en la tierra para borrar sus pecados y que, a cambio de rezos, ayudan a los vivos. Y esa creencia es la que sustenta la veneración.

 

Las animitas están en todas partes; no hay en Chile una ciudad donde falten; y pobre de los vecinos si es que no reponen las flores o dejan que se consuman todas las velas, porque la tradición popular recuerda a los occisos con cariño.

 

Según Maximiliano Salinas, Académico e Investigador del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile “Las animitas son una mezcla, un sincretismo, que toma de España el culto a la Virgen del Carmen, a la que se le puede pedir favores, y que toma del mundo indígena el culto a los antepasados y la idea de que los muertos se quedan cerca nuestro, tal como los mapuches creen que sus ancianos están en las nubes, protegiéndolos”.